Vivir en sábado: maternidad, encierro y salud mental

Actualizado: ago 26

Siempre he sentido los sábados como un día de recarga de energías, antes de tener hijos me levantaba tarde, desayunaba a la hora de la comida y luego iba al cine o salía a cenar. Llegaron los niños y aunque las actividades cambiaron por completo, seguimos manteniendo la idea del sábado como día de descanso, sin horarios ni rutinas. Durante los años en los que tuvimos la librería los sábados se volvieron días de cuento, un día comunitario, para socializar, compartir y jugar. Después del cuento, seguía la libertad para comer a deshoras y deambular sin complicaciones. Amaba los sábados porque sabía que eran la antesala del domingo, en el que volvía algo de estructura y el lunes en el que todos retomábamos la rutina y yo, como mamá, independientemente del espacio laboral en el que me encontrara, podía tener silencio y tiempo.


Cuando comenzó el encierro confeccioné horarios que nos permitieran mantener cierta normalidad en casa, trabajar y convivir sin volvernos locos. Hasta hoy no han servido de nada.


Mi hija de diez años es capaz de seguir las actividades escolares en línea. Mi hijo de 3 no se mantiene interesado más de diez minutos en una actividad propuesta desde una computadora. Los dos reclaman nuestra atención constante: tienen hambre, la grande necesita algún tipo de explicación o experimenta fallas en la conectividad, el pequeño está aburrido o quiere que alguien juegue con él. Los dos buscan compañía, seguridad, atención, contención y cariño.


Amo a mis hijos, no tendría que decirlo. Estoy llena de privilegios: por poder pasar el encierro con ellos, tener trabajo y tener una pareja con quien comparto la crianza, la casa y la frustración diaria, esto tampoco tendría que decirlo. Pero ahora parece ser la moneda de cambio de cualquier texto, así que aquí lo escribo para ser tomada en serio.


Maternar en el encierro, implica que yo como persona tengo que desaparecer. Mis intereses, proyectos, lecturas y aspiraciones entran una vez más en una pausa que no tiene un fin claro. Ya había vivido esto: la ansiedad de no encontrarme, el miedo a dejar de existir profesionalmente, mi cuerpo como base, como soporte para cuidar, cargar, abrazar y consolar: eso es el posparto.


En esos momentos de posparto “reales”, constaté que el mundo en el que vivimos está lejos de considerar la crianza, el maternaje y la individualidad de las mujeres como un asunto de relevancia social, son nuestras madres, abuelas y amigas, las que nos aseguran que no nos volveremos locas, que es normal lo que sentimos, que esa ambivalencia entre el amor y el duelo por quienes éramos es real y pasajera.


En este nuevo posparto no hay un fin claro, no hay escuela, la idea de tribu se disuelve porque no podemos vernos, abrazarnos y apoyarnos en otros para el cuidado de los niños. Estamos solas, compartiendo nuestra ansiedad con la de nuestros pequeños, entre tiempo fragmentado, miedo y frustraciones. Acompañando sus pérdidas (que no son menores) y angustias. Todo en un ciclo que gira en medio de un impulso al que los otros ya se acostumbraron, pero nosotros no, al menos yo no.


Y en medio de todo, como siempre que hablamos de la maternidad en un entorno social, hay un silencio infinito, una ausencia de cuidados para la salud mental de las madres, una exigencia constante a no decir, a asumir la decisión de tener hijos, a guardar a los niños y ser ciudadanos conscientes para no exponerlos, ni exponernos. He leído infinidad de artículos sobre la sobrecarga laboral y de cuidado que el confinamiento ha supuesto para las mamás, pero no he visto una sola campaña que promueva estrategias de apoyo, acompañamiento y atención a la salud mental. Supongo que asumen que todo eso se autorregula, que estamos acostumbradas a hacerlo y hay cosas más importantes que atender: ¿es así?


Suelto la pregunta para iniciar la conversación, para abrir este espacio al dialogo y al acompañamiento. Desde que empecé con Máquina de Letras, pensé que en línea podría hacer el taller de “Escribir la maternidad” que hacíamos en la librería. Pasan los días y yo pospongo la fecha, porque no tengo tiempo para hacerlo, porque no quiero imponer un espacio que se me antoja de lucha y sobrevivencia, de acompañamiento y dialogo compartido: ¿Y si lo hacemos entre todas? está comunidad que empezó en una librería va creciendo, ¿cómo construimos entre todas un espacio de apoyo y salud mental que nos fortalezca y acoja en este tiempo?


Gracias por leer y estar, sus palabras y mensajes significan mucho más de lo que se imaginan. Aquí seguimos y aquí estoy, en lo que pueda ayudar.


Recursos que me han ayudado en estos días:


- Leer: aunque sea un poco y escondida en el baño. Próximamente escribiré una entrada con los libros que me han ayudado, les adelanto: Línea Nigra de Jazmina Barrera, Pequeñas Labores de Rivka Galchen y ¡Poesía: Pizarnik y Sylvia Plath!

- Audiolibros, en los días de insomnio escuché Blue Nights de Joan Didion y Silencio, el mensaje de tu ser de Osho (NUNCA pensé llegar a Osho, pero a las 2 de la mañana todos los nunca pierden el sentido)

- Pedir ayuda, en lugar de enojarme con Juan y verlo con ojos de león: pedir tiempo.

- Soltar: me dio mucha tristeza dar de baja de la escuela a Emilio (3 años) pero decidí soltar esa carga y asumir que era la mejor decisión para nosotros como familia.

- Checador emocional con mi hermana y amigas: estoy saturada de Zoom, Meet y demás, así que lo que nos funciona son los mensajes por WhatsApp: texto o voz, para acompañarnos y compartir los pormenores de algunos días.

- Escribir: sin sentido o con, en automático, para decir lo que no quiero gritar, para llorar y desahogarme.

- Ejercicio: correr, yoga, caminar, subir y bajar la escalera de mi casa, etc. Aquí el problema es encontrar el tiempo y las condiciones para poderlo hacer.

- Plantas: las amo con locura y mi casa parece una jungla, me llenan de paz y son un gusto que comparto con mi hijo.

- Charla "Maternidad, escritura, encierro" la organizó Casa Tomada y es una maravilla, yo quería entrar a la pantalla y abrazar a cada una de las generosas escritoras que comparten sus experiencias y con las que encuentro tantas coincidencias. La encuentran en youtube.



La galería de imágenes es de la querida y admirada Cecilia Rébora


#maternidad #saludmentalmental





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